QUÉ CARAJO, rezaba una pared del concurrido callejón que llevaba al Campus, "...en letras grandes y rojas..." recordaba siempre Lucas al repetir una y otra vez aquella vieja anécdota, "...los sprais los compró Juan pero la idea había sido mía...". ¡Qué pesado!, lo peor es que siempre había alguien dispuesto a escucharle, tiene un no se qué especial para contar historias, incluso yo le escuchaba al principio pero ya la cuarta o quinta vez empecé a desesperarme, "...entonces una sombra empezó a moverse hacia mi...".
Lo cierto es que yo me había acostumbrado a desconectar pero no acababa de centrarme en mis cosas con tanta cara de atención que ponían los novatos, "...y entonces , de repente, ¡blump!, aparece Juan con un spray azul que yo había confundido con una porra y le pego tal ostia que le tumbo...", ¡que le tumbo!, Juan retrocedió un paso y dijo quien era, Lucas se pasó más de media hora disculpándose, "...menos mal que avisó que era él, sino allí mismo le dejaba sin sentido, aun me río ahora al recordarlo...".
La verdad es que sí que fue gracioso, QUÉ CARAJO EL DEL PROFE DE TRABAJO, "...y va el tío la semana siguiente y pregunta si alguien sabe algo de la pintada...", Lucas se pasó toda la tarde acojonado, "...pregúnteselo a las chicas, le dije yo...", esa era la peor parte, esos pequeños retoques que toda anécdota sufre para lograr ser la mejor, "...no supo que contestarme...". Está usted suspenso y no se moleste en volver en septiembre, eso le habría contestado.
Ese era el momento en que todos se quedaban con cara de gilipollas, totalmente pendientes de Lucas y con la boca abierta, "...y no os imaginais lo que ocurrió a la mañana sguiente, nos encontramos con que alguien había completado nuestra frase...", NO ES PARA TANTO, escrito con spray rosa. Lo que habría dado Lucas por que se le hubiera ocurrido a él. Pocos meses después nos enteramos de la identidad del autor, por eso Lucas no se atreve a contar que también era suya, "...yo conozco al que lo hizo pero, claro, no os puedo decir quien fue..".
Tres días duró allí la pintada, luego la pared fue pintada de blanco, "...era lo propio, el color digo..." decía Lucas para culminar la anécdota.
Lo cierto es que por lo menos la gente lo pasaba bien escuchándole. Juan a su lado ponía cara de poker y celebraba con grandes risotadas cada parte de la historia, asintiendo cuando Lucas se lo pedía, "...¿verdad?, Juan...¿te acuerdas?...". Siempre terminaba con la misma muletilla, "...ya no lo pasamos como antes, nos han domado".
El problema llegó cuando uno de aquellos gilipollas boquiabiertos resultó ser el sobrino de Varela, sí, el profesor de trabajo. Aquello había pasado hacía ya dos años, pero Lucas todavía no había aprobado aquel hueso, si la asignatura fuera fácil no habría merecido la pintada. "Lucas, quédese al terminar la clase, deséo hablar con usted", todo el mundo se quedó extrañado, la clase en general de que conociera a un alumno que no era asiduo y se sentaba en las últimas filas, nosotros nos preguntábamos qué podía querer el Varela de Lucas, ni se nos pasó por la cabeza lo de la pintada.
"Aquello fue una broma inocente, yo era un crío, ahora le respeto", "le doré la píldora, me pasé toda una hora lamiéndole el culo a ese cabrón y ni por esas, que no vuelva a presentarme mientras él de clase". "¿Le has dado algún nombre?", ya parecía una película americana de policías, ¿cantaste Johnny?, "no, no le dije nada".
No volvió a contarle la anécdota a nadie. Al día siguiente un tío de un curso menos le pegó una paliza a Lucas, era el de No es para tanto, un cabrón bastante cachas. "Lucas, ¿no habías dicho que no le habías dado ningún nombre?". "Yo ya aprobé trabajo, a mi no me jode", decía Juan, "¿pero no dijo Lucas que no había dado tu nombre?", "ya, tampoco el del de la paliza". Esa año Juan suspendió Civil IV con un ocho de media. Joder con la broma, está claro que no se puede ir por ahí largando.
Pocos meses después apareció otra pintada en aquella pared, más o menos en el mismo sitio que la anterior, EL VARELA ME LA PELA.
A mi que me registren, nunca he sido poeta.